Muchas veces nos empecinamos en continuar por la carretera que aparentemente lleva a nuestro ansiado destino, sin tener en cuenta las indicaciones que nos van apareciendo durante el trayecto. Y, de hecho, eso hace que pinchemos en repetidas ocasiones. El camino no es nada fácil en ciertos aspectos considerados «socialmente» importantes.

Por eso hay que llevar repuestos. Y además, aunque de aquellos pinchazos salgamos maltrechos, de todos ellos debemos aprender algo. Es obligatorio, sobre todo para saber en qué lugar de la carretera está el bache o la puntilla que nos hizo pinchar la última vez.

Hay que coger ramales diferentes de vez en cuando. Porque el «camino recto» que se supone que debemos seguir, no siempre nos viene bien a todos. Y los giros, que no sean de 360º (lo cual sería absurdo), y tampoco de 180º (¿dar media vuelta, para qué?)…, sino de 270. O tal vez de 90.

En fin, ya lo dijo Einstein:

destino-einstein

 

© Ángel Román Ramírez, 2017.

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