Añoranza.

Añoranza.

…Y recién empezada la sobremesa, me senté junto a ella. La miré a los ojos y le pregunté:

—¿Es posible echar de menos cosas que nunca existieron o es mero arrepentimiento por no haberlo usado en su único y exclusivo momento…? Porque yo a veces echo de menos palabras que no te dije, besos que no te di, risas que no te provoqué o lágrimas que no te sequé. Y me arrepiento de no haberte dicho, dado, provocado o secado… Porque —continué— habrá muchas más palabras, muchos más besos, muchísimas más risas… y también más lágrimas (ojalá no fuera así); pero las que no te dije, ni te di, ni te provoqué o sequé, se gastaron en su momento. No tienen fecha de caducidad, se perdieron justo en el instante en que no se dijeron, dieron, provocaron o secaron. —Y, a continuación, insistí: —¿Puede echarse de menos algo que nunca existió?

—Sí —respondió ella.

© Ángel Román Ramírez (29/11/2017).
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Una Canción hecha Mujer.

Una Canción hecha Mujer.

La sinestesia es ese don (yo lo llamo así) que algunas personas tenemos la suerte de poseer, consistente en que ante determinados estímulos, en principio inexistentes, el cuerpo reacciona como si éstos ocurriesen realmente. Por ejemplo, recordar un determinado sabor u olor y notar ese sabor en la boca o ese olor en la nariz, de la misma manera que si lo hubiésemos probado u olido justo en ese momento.

En mi caso, la sinestesia se manifiesta en los sonidos, como  les ocurría a Rachmaninoff, Scriabin, Rimsky-Korsakov o Messiaen, por ejemplo: cuando escucho determinados sonidos, mi mente proyecta imágenes y colores. Scriabin llegó a diseñar el teclado de un piano con los colores que él “veía” según la nota que sonase. Yo también tengo mi propia escala de colores, los “veo” desde que era muy pequeño. Hasta que no fui adulto y me surgió la curiosidad por investigar sobre el tema, no supe que se trataba de un don.

Pero es que al revés me ocurre también, es decir, puedo llegar a “escuchar” música partiendo de los sonidos, las sensaciones, las formas o los dibujos menos esperados. Esta percepción es la más normal: se llama inspiración.

sinestesia2

No obstante, contigo es diferente. Contigo es una canción que componemos entre los dos, interpretada a dúo: hay momentos en que ambos cantamos al tiempo, interpretando cada uno su voz; otros en los que yo hago el solo y tú contestas a contratiempo; también tienes tus solos y yo, siguiendo las leyes de la armonía, hago de apoyo a tu melodía.

Por otro lado, hay momentos de silencio en los que el protagonismo lo toman los instrumentos, momentos de descanso de las voces, cuyo relevo asumen las cuerdas y los instrumentos de piel… de repente es como si tú misma fueses la propia Música. La Música se transfigura en ti, de manera que no sólo la escucho o la “veo”, sino que también la huelo, la toco e incluso la saboreo. Si la Música pudiese percibirse con los cinco sentidos, es decir, si tuviese un aspecto, un olor o un sabor concretos, serían los que tienes tú. Los que tú me muestras.

Y es que ya no puedo describirte con palabras. Las que usualmente se emplean para expresar sentimientos, han sido ya demasiado malgastadas por el Tiempo. No son suficientes…

Entonces mi mente “inventa” nuevos recursos para poder comprender lo que está experimentando… y la Música toma la forma de tu cuerpo.

© Ángel Román Ramírez (22/11/2017).