…Y recién empezada la sobremesa, me senté junto a ella. La miré a los ojos y le pregunté:

—¿Es posible echar de menos cosas que nunca existieron o es mero arrepentimiento por no haberlo usado en su único y exclusivo momento…? Porque yo a veces echo de menos palabras que no te dije, besos que no te di, risas que no te provoqué o lágrimas que no te sequé. Y me arrepiento de no haberte dicho, dado, provocado o secado… Porque —continué— habrá muchas más palabras, muchos más besos, muchísimas más risas… y también más lágrimas (ojalá no fuera así); pero las que no te dije, ni te di, ni te provoqué o sequé, se gastaron en su momento. No tienen fecha de caducidad, se perdieron justo en el instante en que no se dijeron, dieron, provocaron o secaron. —Y, a continuación, insistí: —¿Puede echarse de menos algo que nunca existió?

—Sí —respondió ella.

© Ángel Román Ramírez (29/11/2017).
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