La competitividad es consustancial a la Naturaleza. En la selva los animales viven y conviven constantemente en lucha por la supervivencia, lo cual es extrapolable al sistema de vida que llevamos los seres humanos. En nuestra naturaleza está también el competir. Y no como un deporte o un simple juego, espero que eso se haya entendido. Digo ‘competir’ en la vida real. Poca gente se alegra por los logros del prójimo. Y estaba pensando justamente ahora: “los seres queridos sí”. ¿Seguro…? Alguno habrá, claro. Pero ¿quién no tiene un familiar que tuerce la boca a modo de mueca, haciendo como que sonríe, cuando oye o ve los logros conseguidos, mientras que se va corroyendo por dentro inflado de una amarga envidia? Quien diga que no, miente.
Ante esta situación, la de la competitividad, hay personas que, por suerte o por desgracia (más bien por desgracia), posee un umbral de sensibilidad bastante más vulnerable que el de la mayoría. Estas personas sufren mucho, ya que no sólo les hace daño el grueso social, sino que para colmo tienen una capacidad empática superior al resto de la media y, en consecuencia, lo pasan mal también cuando son sus semejantes quienes sufren. Vamos, gente que si fuesen monos, ciervos o cebras, durarían dos días en el mundo salvaje… porque se los comerían vivos. Literalmente.

No literalmente, pero sí en sentido figurado, estas personas extremadamente sensibles son devoradas por la manada, siempre agresiva (porque, en general, el ser humano promedio no es especialmente agresivo, siempre y cuando no interactúe con la masa, con la manada). El caso es que los extremadamente sensibles se ven acorralados en buen número de ocasiones. Y ellos no tienen cómo defenderse, puesto que las armas sociales no han sido creadas para ellos. No cabe otro recurso que la paciencia, el intentar adaptarse, e incluso convertirse en un hipócrita*; porque la manada es muy astuta y huele tus debilidades a la legua… y se aprovecha de ello.

Ser un hipócrita para sobrevivir… o no serlo y sucumbir a los depredadores. O quizá buscar un término medio, sufrir lo justo, pero manteniéndote firme a tus principios (como el árbol que muda las hojas, pero mantiene sus raíces. Es decir, nunca cambies tus principios: si son buenos, te mantendrás fuerte; si son malos, te caerás por ti mismo. Como el árbol). En mi opinión es más loable ser paciente antes que hipócrita. Lo que ocurre es que la paciencia, tarde o temprano, se agota.

En fin… Qué le vamos a hacer. Es lo que nos ha tocado vivir. Somos bufones dentro de una inmensa pantomima.
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(*) La palabra Hipócrita procede del griego antiguo y literalmente significa más o menos actor, pantomimo. Por extensión, falso, mentiroso.

jean-claude-sanchez

 

Texto: Ángel Román Ramírez (Un Bardo en Tartessos), 2016. Imagen destacada: Brooke Shaden. Foto: Jean-Claude Sanchez.

 

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