Vio a lo lejos, en medio de la noche, la luz del tren que esperaba. Cada vez más cerca…

Al mismo tiempo, en otra parte del mundo, alguien caminaba por un vasto desierto. A medida que se acercaba el tren, el desierto parecía ir tragándose al caminante. Y justo cuando el tren llegó a la estación, el caminante del desierto fue engullido por la arena.

El viajero del tren allí quedó, sentado en el andén, junto a la vía, viendo cómo éste se le escapaba. El caminante del desierto, en cambio, cayó a través de un tubo a otro desierto, en otro mundo diferente.

Ambos eran la misma persona. El caminante no sabía que el suelo movedizo que pisaba no era otra cosa que el contenido de un inmenso reloj de arena. El Tiempo le había engullido; su tren había pasado.

Estaba de nuevo en la casilla de salida.

El texto contenido en este post está protegido por derechos de autor. © Ángel Román Ramírez (2016).

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