Intro para Anexos

Un barquito. Un río. Dos orillas. Voy bogando y quiero llegar a la orilla oeste. Pero de babor sopla un viento fuerte que dirige mi barquito hacia el lado contrario. Por suerte, llevo una buena madeja de cuerda. Corto un buen trozo, le hago un lazo y lo arrojo hacia un robusto tronco que parece estar inclinado sobre el agua, como si quisiera beber. ¡Qué suerte! ¡El lazo se ha anclado al tronco! Tiraré de la cuerda y así llegaré a mi destino. No obstante, cada cierto tiempo, una fuerte ráfaga vuelve a azotar mi pequeña nave y la cuerda se me escapa de las manos. Debí sostenerla con más firmeza. Todos los metros que había ganado, los termino perdiendo, así que voy a tener que empezar de nuevo. La intensidad con que sopla el viento es muy elevada. La verdad, no sé cuándo amainará. Hay momentos en que parece que sí… pero cuando menos me lo espero, me veo de nuevo en dirección estribor.

A pesar de todo, clavo los ojos en mi madeja. Y, complaciente y seguro de mí mismo, observo que me queda cuerda para rato. Y eso me ayuda a concluir que debo seguir intentándolo.

Sí… Seguiré luchando.

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Texto extraído de El Hada de Cabellos Coronados: Anexos, IV (pp. 16-17). La música y el texto contenidos en este post, así como las imágenes (excepto la ‘destacada’), están protegidos por derechos de autor.© Ángel Román Ramírez (Creative Commons, D.L. BI-765/2016 y SGAE), 2016.

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