Intro para Anexos

Imaginar situaciones icónicas o metafóricas pueden llegar a calar en la psique de las personas de tal forma, que pueden conseguir cerrar capítulos desagradables de sus vidas e incluso lograr reiniciarlas.

Como consejo para superar un determinado episodio, alguien me dijo en una ocasión: «Imagina que estás junto a un volcán y observas la lava. Si te acercas, te quemarás. Observa, sólo observa la lava. No seas protagonista de la obra, limítate sólo a observar, sé un espectador.»

Ciertamente, en su día me sirvió. Y hoy —no ayer, ni antes de ayer, sino hoy—, he tenido otra de esas «visiones» icónicas. Hoy me he dado cuenta de que muchas veces desearía tener cosas que, por diferentes circunstancias, no es posible tener y, no obstante, no me apena no tenerlas.

Me explico: ¡qué más quisiera yo tener en la pared de mi salón un auténtico Dalí!¡O un Klimt! Pero claro… eso es imposible. Sin embargo, lo que sí puedo hacer es visitar los museos adecuados y contemplar sus obras. Y durante el tiempo que transcurre mientras las contemplo, soy realmente feliz. Disfruto cada segundo. Es más, las disfruto más intensamente, porque sé que, tras ese lapso de tiempo, puede que nunca más las vuelva a ver (o quizá sí…). En cualquier caso, sé que siempre las tendré en mi retina. Y que con el paso de los años, podré decir: «Yo pude disfrutar de esta o aquella obra de Dalí; o de Klimt.»

De la misma manera, qué más quisiera yo tener el manuscrito original del Orfeo de Monteverdi; o cualquiera de los que salieron del puño de Mozart… o incluso del de Ian Anderson. No obstante, sé que eso es imposible. Aun así, me hice con una de las mejores ediciones que se hayan grabado jamás del Orfeo, y me sumerjo en él siempre que quiero… O viajé a Viena, y también a Salzburgo, y pude contemplar de primera mano las partituras del mayor genio que ha dado jamás la historia. Y pude vibrar hasta casi el éxtasis cuando tuve la oportunidad de ver en directo a los Jethro Tull. Sea como fuere, sé que siempre tendré esas experiencias entre mis más hermosos recuerdos.

Lo que quiero decir es que, ya en el Renacimiento, y todavía durante el Romanticismo, conocían muy bien la esencia de ese tópico latino que todo el mundo conoce hoy: carpe diem. Es decir, no dejar que el tiempo pase sin más, sino disfrutar de cada instante, porque en realidad no sabemos qué estaremos haciendo mañana, o dónde estaremos dentro de diez minutos. Lo que quiero decir es que sé que no puedo, me niego, a pensar más en el futuro. Que tengo que exprimir cada momento de mi existencia mientras observo un cuadro, o escucho una ópera… o abrazo a una persona. Lo que quiero decir es que sé que no puedo, me niego, a dejar pasar esos momentos simplemente porque me gustaría tenerlos para siempre, cuando en realidad sé que no es posible.

Lo que quiero decir es que sé que tengo que vivir aquí y ahora. Y es que, como dijo Machado, «hoy es siempre todavía». 

La música y el texto contenidos en este post, así como las imágenes (excepto la ‘destacada’), están protegidos por derechos de autor.© Ángel Román Ramírez (Creative Commons, D.L. BI-765/2016 y SGAE), 2016.

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