Intro para Anexos

Justo cuando parecía que ya estaba todo perdido, apareciste. Forjada en los más profundos abismos del Infierno, del cual saliste victoriosa, apareciste con todas tus heridas, algunas aún sangrantes. A pesar de todo te mantenías en pie, fuerte, valiente —más de lo que tú misma pensabas—, dispuesta a blandir tu espada ante cualquiera que osara atacar. 

Yo yacía en el suelo, malherido, esperando quizá que, de un momento a otro, un guerrero enemigo llegara y terminase cercenando mis escasos minutos. Apenas si podía abrir los ojos, pero haciendo un esfuerzo conseguí vislumbrar tu silueta, allá en lo alto, en aquel pequeño montículo rocoso.

Alzaste tu espada —que, como tú, también se forjó en las entrañas del mundo— y la hundiste en el pecho de todo aquel que apenas intentaba acercarse a mí. Jamás observé, ni siquiera en mis propias gestas, tan colosal catarata de cabezas rodando colina abajo, arrancadas de sus cuerpos tras probar el amargo filo de la hoja.

Sonreí. Y mi sonrisa venía alimentada por la esperanza. Habías llegado, eras mi heroína, estabas salvándome la vida. 

Al término de la batalla, únicamente se podía oír el grito de la muerte. Te arrodillaste en el suelo y con tus brazos ensangrentados, tomaste mi nuca y me incorporaste hasta dejarme cuasi sentado, más bien recostado, en tu regazo. Limpiaste tierra, yerbajos secos y sangre de mi rostro. Te miré como buenamente pude y esbocé, con las pocas fuerzas que ostenta un hombre moribundo, una impalpable sonrisa… a la que tú respondiste (jamás he visto antes, nunca, una sonrisa tan bella y perfecta como la tuya). Así, meneando la cabeza de un lado a otro y aún con tu hermosa sonrisa en los labios, tus únicas palabras fueron: «Desde luego… no sé qué voy a hacer contigo.»

Y entonces comprendí que eras tú. Que siempre serías tú. Que por encima del Espacio y del Tiempo, desde aquel día siempre serías tú mi guerrera, mi reina…

Mi diosa.

 

La música y el texto contenidos en este post, así como las imágenes (excepto la ‘destacada’), están protegidos por derechos de autor.© Ángel Román Ramírez (Creative Commons, D.L. BI-765/2016 y SGAE), 2016.

 

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