Simbología literaria y musical (continuación).

Capítulo 4: «La reina de ajedrez».

En el ajedrez, las reinas son fuertes: avanzan o retroceden de un lado a otro en diagonal o en horizontal, de izquierda a derecha, de norte a sur… tanta distancia como precisen. Son independientes, representan las piezas más poderosas del juego y defenderán al rey con su vida, si es necesario.

Así es el Hada en esta historia cantada: fuerte, independiente… aunque con una debilidad: si ella «muere» o, como en este caso, desaparece, el juego no acaba. El ajedrez no termina hasta que el rey muere o se ve acorralado. Y, en efecto, tal y como se verá durante el desarrollo de la obra, el rey no va a «morir», ni se va a rendir. El juego continúa, a pesar de la ausencia de la reina.

En este tema se hace un pequeño guiño al mundo de los cuentos, con una introducción a capella de un coro que simboliza a los «peones» de la reina, a los elfos que en un momento dado podrían haber acompañado al Hada, o incluso a los «enanitos» del cuento de Blancanieves.

Es en este capítulo donde el protagonista masculino cuenta su historia, el porqué de su tristeza y la razón por la cual tuvo que huir, yéndose lejos para intentar reencontrarse consigo mismo.

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Aquí también se menciona al «girasol», de cuya simbología ya se ha hablado (representa el amor incondicional y también la búsqueda personal de la felicidad), que no aparece ya como una única flor, sino como todo un campo del cual el Hada es dueña y en donde el protagonista de la historia «renace» de sus cenizas.

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Capítulo 5: «Exilio».

Explica el viaje iniciático que realiza el protagonista. Se trata de un viaje real, él deja tierra de por medio, huyendo de su pasado e incluso de sí mismo… Al mismo tiempo, se describe un contacto físico (aunque imaginario). Él quiere estar en ambos sitios: quiere estar lejos de quien le hizo sufrir, pero a la vez quiere estar con su Hada («…Luz, aire, bilocación / él está allí, pero no así su corazón…»).

«Las montañas» mencionadas en este quinto capítulo representan de alguna forma el hilo argumental de la obra: partiendo desde el más absoluto y profundo agujero, aquél irá en ascenso a medida que se desarrolla la historia, hasta llegar al punto más alto. Después, por una serie de circunstancias, la pendiente irá de nuevo hacia abajo (sin embargo, al final siempre quedará una esperanza, que es la que ayuda al protagonista a emerger de nuevo).

En el estribillo, que consta de una secuencia armónica recurrente que actúa casi como un leit motiv (si bien no estrictamente) Atenea y Venus se encuentran frente a frente, simbolizando la lucha contra los sentimientos: la primera, además de ser la diosa griega de las artes o la sabiduría, entre otras muchas cosas, es también la diosa de la guerra; la segunda es la equivalente romana de Afrodita, diosa del amor. No obstante la dicotomía, antes de que acabe el tema se descubrirá que, al fin, el protagonista se da cuenta de que se ha enamorado.

[…] Y así fue que su hada le llevó hasta el cielo,

en la torre más alta de aquel lugar.

Atenea y Venus se vieron a un tiempo

y, por fin, se dio cuenta de que podía soñar…

Al fin supo que volvería a soñar.

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La música y el texto contenidos en este post, así como las imágenes, están protegidos por derechos de autor.© Ángel Román Ramírez (Creative Commons, D.L. BI-765/2016 y SGAE), 2016.

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